domingo, 16 de enero de 2011

En el colegio (al menos en el mío fue así), no se piensa


El otro día recordé a mi profesora de religión del colegio. Siempre nos dejaba tarea. Consistía en varias preguntas que no sabíamos de dónde las sacaba. Siempre se intentaba chuntar con la rpta, copiando de la biblia, catecismos, etc, etc, pero siempre salíamos todos jalados. Una vez, quise probar algo diferente. Comencé a tratar de anotar todo lo que la profesora explicaba en clase. Como no se suponía que lo hiciéramos, porque no nos lo habían dicho, lo hacía en la parte de atrás de mi cuaderno, porque no era algo que me dijeron que iba anotado. Lo que sucedió fue inimaginable para mí; las preguntas que dejaba la profesora, eran todas referente a lo que nos había explicado en clase. Fue un descubrimiento asombroso. No recuerdo por cuánto tiempo fue que me duró la estrategia, pero era increíble. Comencé a aprobar. Mis patas no me creyeron.
    Luego tuve un profesor de Química. Tovar. Este tenía la mala costumbre de hacernos preguntas de algo ue no nos había explicado. Nos daba puntos cuando respondíamos correctamente. Me encantaba poder pensar un poco. Recuerdo dos situaciones. La primera, que una vez fuimos al laboratorio. Teníamos la hoja que nos indicaba el procedimiento a realizar. El profesor dijo que alguien pasara adelante a realizar el procedimiento. Nadie se ofrecía. Cuando se dio cuenta, dijo que si nadie se ofrecía, nos regresábamos al salón, porque si no, no tenía sentido el laboratorio. Me inmolé. Seguí los pasos. Lo raro es que nadie quería hacerlo.
   Lo segundo que recuerdo fue cuando hizo la pregunta "¿Se puede transformar el plomo en oro?". Obviamente, todos dijeron que no, pero yo dije "sí", porque lo había leído cuando averiguaba sobre "los grandes enigmas del mundo", cuando hablaban de la piedra filosofal, que la diferencia era mínima; un positrón. El profesor había oído vagamente que dije "sí" y volvió a preguntar. El coro decía no, y yo sí nuevamente. Extrañado, preguntó "quién dijo sí". Yo levanté la mano. "Explícate" me dijo. "Es que se puede hacer, pero el costo de transformarlo es excesivo" (claro que sin claridad, enredándome, y sin saber bien qué dije). El profesor dijo "es verdad; sí se puede". Me gustaban esas clases. Te retroalimentaban por pensar.

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